Denisse llevaba horas sentada en la sala de juntas cuando comenzó a sentir ese cansancio que no se alojaba en el cuerpo, sino en algo más profundo. No era el cansancio de trabajar demasiado, ni siquiera el de la tensión constante de los últimos días. Era un agotamiento silencioso, uno que se acumulaba detrás de los ojos, que hacía que el mundo pareciera un poco más lejano, un poco menos nítido.Frente a ella, la pantalla mostraba gráficos, cronogramas, nombres de sedes, fechas tentativas. Las voces se sucedían con profesionalismo, medidas, eficientes. Todo estaba funcionando como debía. Y, sin embargo, Denisse sentía que algo se aproximaba, como una grieta invisible avanzando por debajo del suelo.—Si adelantamos la capacitación del personal auxiliar —decía uno de los coordinadores―, podríamos optimizar recursos y abrir la segunda sede antes de lo previsto.Denisse asintió lentamente, haciendo una anotación al margen de su carpeta. Joselin, sentada a su derecha, revisaba su tableta co
Ler mais