Cuando abrí los ojos, ya me encontraba en una habitación, recostada sobre la cama. Intenté recordar lo último que había ocurrido y me incorporé de inmediato; sin embargo, justo cuando estaba a punto de bajar de la cama, descubrí que Díaz estaba a mi lado. Permanecía sentado, con la cabeza inclinada hacia el borde del colchón; al parecer, se había quedado dormido.Extendí la mano con la intención de tocar su cabello, pero antes de que pudiera hacerlo, Díaz despertó.—Ya has despertado, al parecer. Parece que estabas exhausta —dijo, sin olvidar jamás su sonrisa.—¿No te duele? —le pregunté, al notar que parecía como si nada le hubiera ocurrido, mientras él seguía preocupándose por mí aun cuando sus heridas eran mucho más graves.—No pienses en nada más, debes concentrarte en recuperar tu cuerpo.—¿No te duele? —repetí con firmeza, lo que hizo que Díaz guardara silencio de inmediato.—Estoy acostumbrado. Incluso he estado a punto de morir; duele mil veces más que los latigazos del señor
Leer más