243. Para siempre
AmberLos ojos de Leonardo seguían clavados en los míos, como si fueran capaces de leer cada pensamiento que cruzaba mi mente. El aire a nuestro alrededor parecía denso, cargado de algo que iba mucho más allá del simple deseo. Era pasión. Era entrega.Sus labios volvieron a encontrar los míos y, esta vez, no hubo suavidad. Hubo posesión, un ímpetu voraz que hizo reaccionar a todo mi cuerpo. Mis dedos se enredaron en su cabello mientras él me atraía aún más hacia sí, como si necesitara mi contacto para seguir respirando.“Eres mía, Amber”, murmuró, con la voz ronca, cargada de intención.“Para siempre”, respondí sin dudar, la voz ya quebrada por el calor del momento.Descendió por mi cuello, dejando besos y mordidas suaves que enviaban oleadas de placer por mi cuerpo. Cuando sus manos se deslizaron por mis costados y sujetaron mi cintura con firmeza, no pude contener el gemido que escapó de mis labios.“Leo…”, pronuncié su nombre sin saber siquiera qué quería decir.“Lo sé, amor”, resp
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