255. Missoula
GabrielaDespués de horas interminables de viaje, por fin divisé el cartel desgastado que marcaba la entrada a Missoula, Montana, mi ciudad natal. El cielo estaba teñido de tonos anaranjados del atardecer, y las montañas que rodeaban la región parecían abrazar a la pequeña ciudad, dándole un encanto único. Resultaba extraño cómo todo me era tan familiar y, al mismo tiempo, tan lejano, como si estuviera regresando a un mundo que había dejado atrás hacía siglos.Respiré hondo al ver la casa donde crecí. Las persianas azules, ya descoloridas, seguían ahí, y el jardín, aunque un poco descuidado, conservaba las mismas flores que mi madre cuidaba con tanto esmero. El porche de madera crujía con el viento, como un viejo amigo dándome la bienvenida."Es aquí, Gabi", murmuré para mí misma, tratando de reunir el valor para bajar del coche. Mi corazón estaba dividido. Una parte sentía alivio por estar, al fin, en casa; la otra temía el reencuentro, las preguntas inevitables y las miradas curiosa
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