247. Calma
Leonardo
El avión atravesaba las nubes con una suavidad que invitaba a mi mente a divagar. Amber estaba sentada a mi lado, y su sonrisa serena me regalaba una paz que hacía tiempo no sentía. Había tomado una medicación para el vuelo, lo que mantuvo a raya las náuseas que tanto la molestaron en el viaje a Vegas. Verla así, relajada, era un bálsamo para mi ansiedad.
“¿Crees que los gemelos nos van a regañar por habernos tardado tanto?”, preguntó Amber, con ese tono suyo cargado de humor.
Solté un