*—Dante:—¿Podrías dejar de atacarme con tus feromonas? —preguntó Mikhail, y Dante giró el rostro hacia él con lentitud, evaluándolo. El alfa lucía pálido, la respiración apenas controlada, el pecho subiendo y bajando con más fuerza de la necesaria. Una risa baja escapó de la garganta de Dante, profunda, cargada de un matiz casi provocador, mientras daba un paso al frente, invadiendo el espacio personal del otro sin pedir permiso. Era más alto, más ancho de hombros, su presencia llenaba la estancia de una forma aplastante, como si todo a su alrededor tuviera que adaptarse a él. Mikhail, en comparación, parecía más contenido, más controlado, pero también más expuesto ante ese tipo de presión directa. Y, aun así, no retrocedía. Eso, al menos, le ganó un mínimo de respeto.—Dime algo —soltó Dante sin rodeos, clavándole la mirada—. ¿Te gusta Ezra?La pregunta cayó como un golpe seco. Mikhail parpadeó, claramente tomado por sorpresa.—¿Qué?Dante se encogió de hombros con una med
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