*—Ezra:La dinámica de la semana fue cambiando con los días, adaptándose a ese nuevo equilibrio entre deseo, calma y una intimidad que crecía casi sin que lo notaran.El martes comenzó tranquilo, como si nada pudiera alterar esa burbuja en la que se habían metido. Desayunaron juntos, tostadas y café, algo sencillo que, sin darse cuenta, se había convertido en un pequeño ritual compartido. Luego salieron a comprar provisiones, porque el apartamento de Dante, pese a todo su lujo, carecía de lo básico para una convivencia real. Almorzaron fuera, en un lugar al que Ezra siempre había querido ir, pero que nunca había podido permitirse, pues era caro, exclusivo y con reservas imposibles, claro, hasta que Dante hizo una llamada y, como si fuera lo más normal del mundo, consiguió una mesa. Ezra no pudo evitar sonreír ante eso, reconociendo que, aunque le costara admitirlo, había cosas en esa relación que simplemente facilitaban la vida.Regresaron a casa pasadas las tres, con el sol cayendo
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