—¿Acaso no escuchaste nada de lo que te dije hace un rato?, ¿Por qué insistes en tocarme si al final no vas a acostarte conmigo?, ¿Por qué no puedes simplemente dejarme en paz? — cuestionó ella con enojo. Dante volvió a pegarse a ella, aun cuando sabía que todo lo dicho por su esposa, era verdad. —Lo que te dije en aquella fiesta cuando éramos niños, sigue siendo verdad. Tú y yo no somos iguales. — respondió Dante. Con lágrimas en los ojos, Adara alzó su mano para volver a abofetearlo, pero él se la detuvo. —¿Cómo te atreves? — cuestiono ella con la voz llena de indignación y de dolor. —No he dicho mentira alguna, no somos iguales, Adara…mientras yo no puedo vivir sin ti, tú puedes vivir sin mi perfectamente…tu eres como el aire para mí, te necesito para vivir, para seguir respirando y existiendo, y cuando me tuve que marchar a terminar mis estudios, no hubo un solo día en que no pensara en ti. Día y noche te pensaba, te extrañaba como un demente y te buscaba en cada rincón dentr
Leer más