Amanda sentía el cuerpo pesado. Se movió con incomodidad sobre la colchoneta y una punzada le recorrió cada músculo apenas intentó incorporarse. Le dolía todo, el cuello, la espalda, la cabeza, los brazos. Incluso respirar le resultaba molesto. Abrió los ojos y la luz que se colaba por la ventana la obligó a cerrarlos de inmediato, cegándola por un segundo. Cuando volvió a intentarlo, lo hizo con más cuidado. No era luz del sol, era la de unos faros de un coche. La realidad cayó sobre ella con una crueldad insoportable. Por un instante, le habría gustado que todo hubiera sido una pesadilla. Despertar sobre el pecho desnudo de Ethan, tibia todavía por una noche de placer, con su brazo alrededor de la cintura y esa calma absurda que solo existía cuando estaba con él. Le habría gustado abrir los ojos y encontrarse con su olor, con su
Leer más