Quiero ir a casa.
Amanda apenas podía sostenerse.
Las piernas no le respondían bien y todo le daba vueltas, así que el oficial prácticamente cargó con casi todo su peso mientras la llevaba hasta el cofre de la patrulla para que se recostara allí.
Ella no protestó. Ya no tenía con qué. Sentía el cuerpo como si le hubieran vaciado la fuerza a golpes y luego lo hubieran rellenado de miedo.
No le quedaban energías ni para fingir que estab