No sé vivir en un mundo donde tú no estés.
Amanda no recordaba en qué momento exacto dejó de temblar.
Tal vez seguía temblando.
Solo que ahora lo hacía más despacio, por dentro, como si el cuerpo aún no hubiera entendido que ya no estaba en el bosque, que Daniel no iba a abrir la puerta de pronto, que esa noche asquerosa se había quedado atrás aunque todavía le ardiera en la piel.
El auto de Ethan se detuvo frente a la casa y ninguno de los dos se movió ens