Todos los capítulos de El millonario que me humilló, ahora me suplica: Capítulo 191 - Capítulo 200
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Te quiero a ti.
M****a.
Había jugado con fuego, y ahora se estaba quemando.
Amanda tenía la respiración deshecha.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎Sentía los latidos en la garganta, en las muñecas, en las sienes, como si el miedo le hubiera tomado el cuerpo entero y lo estuviera sacudiendo desde adentro.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ Cada curva del auto le revolvía el estómago, y por un momento de debilidad real, creyó que iba a desmayarse ahí mismo.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎Entonces escuchó esa asquerosa voz.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎—Dios, Amanda, te dije que no intentaras nada. Por poco arruino la pintura de mi Porsche.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎Esa voz.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎Esa maldita voz.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎Giró el rostro hacia el asiento del piloto y ahí estaba Daniel, conduciendo con una calma insultante, como si no acabara de desatar una masacre en el puente, como si no hubiera policías heridos, como si no la hubiera arrancado de un operativo e
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Déjame ir.
Es hora de tener todo de vuelta.
¿Harías cualquier cosa por mí?
Comenzaremos nuestra vida desde cero.
Pagaré lo que sea por ella.
Traeré de vuelta a Amanda, así sea lo último que haga.
Me la vas a pagar, Daniel Van Ness.
El cuerpo de Ethan seguía inmóvil dentro del auto, como si la mente se hubiera negado a darle la orden de reaccionar.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ No fue hasta que escuchó la bocina del vehículo de Selena, despidiéndose al alejarse, que volvió en sí de golpe.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ —Ethan, tengo miedo de que le haga algo... de no volver a verla. No.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ Eso era imposible.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ Pero también era imposible que se la hubiese llevado y lo hizo.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ Él había contratado seguridad para su familia y para la de ella. La empresa tenía protocolos claros. Todos sabían perfectamente que, si Daniel aparecía por el edificio, debían llamar de inmediato a la policía. No podía simplemente entrar, tomarla y desaparecer como si nada.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ No tenía sentido.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ No encajaba.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ Entonces, ¿cómo?‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏
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