Desperté con dificultad, como si regresar a mi cuerpo me costara más de lo normal.Lo primero que escuché fue su voz.—Ya despertaste, Valeria…Abrí los ojos lentamente. La luz era tenue, pero suficiente para hacerme parpadear varias veces. Frente a mí estaba mi papá. Tenía los ojos rojos, hinchados, como si hubiera pasado la noche entera sin dormir… o llorando. Intentó sonreír, pero no le salió del todo.—Pensé que no ibas a despertar —dijo en voz baja, acercándose a la cama.Sentí su mano sobre la mía. Estaba tibia, firme. No estaba bien, pero tampoco me sentía tan lejos como antes. Su presencia me anclaba un poco a la realidad.—Estoy aquí… —murmuré, con la garganta seca.—Gracias a Dios —susurró, cerrando los ojos un segundo.Me sentía débil, como si cada movimiento pesara el doble, pero ya no era ese vacío aterrador de antes. Solo cansancio. Un cansancio profundo.La puerta se abrió y entró el doctor. Revisó mis signos, me hizo un par de preg
Ler mais