El consultorio médico de la empresa estaba en silencio, apenas interrumpido por el pitido constante de un monitor.Elizabeth estaba sentada en la camilla, con una manta ligera sobre los hombros. Su rostro aún conservaba un rastro de palidez, pero sus ojos ya estaban más claros, más firmes, como si algo dentro de ella se hubiera reacomodado.Alex permanecía apoyado contra la pared, con los brazos cruzados, observándola con una atención genuina que no intentaba disimular. Max, en cambio, estaba de pie junto a la ventana, de espaldas, mirando hacia la calle como si nada de aquello tuviera que ver con él… aunque su postura rígida lo delataba.—De verdad —dijo Elizabeth, rompiendo el silencio—. Me siento bien. Fue solo un mareo… exageré.El médico la miró por encima de los lentes.—Fue un episodio de ansiedad aguda, señorita Lennox. Nada grave, pero su cuerpo pidió una pausa. Necesita descansar.Ella asintió, un poco avergonzada.—Ya se lo dije —intervino Alex con una media sonrisa—. Esta
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