Travis subió a Sídney al auto, y luego él condujo con determinación, alejándose del lugar que había sido testigo de tantas emociones encontradas. El silencio en el interior del vehículo era denso, lleno de recuerdos no dichos y sentimientos reprimidos.—¿A dónde vamos? —preguntó Sídney, su voz temblando ligeramente, mientras miraba por la ventana, sintiendo cómo su corazón latía con fuerza.Él solo sonrió, una sonrisa que contenía un mundo de significados. Sídney no dijo nada más, pero su mente estaba en un torbellino de pensamientos.“Siempre fue él, cada rosa, cada poema, él”, pensó, recordando momentos de su pasado que parecían tan lejanos, pero a la vez tan vívidos.Lo miró, y en su mente comenzaron a fluir imágenes de un amor desenfrenado, de noches, de pasión y dulzura.Recordó cómo él siempre había sido tan detallista, trayendo rosas frescas, dulces sorpresas y joyas que la hacían sentir como una verdadera princesa. Cada aniversario o cumpleaños, él iluminaba el cielo con fuegos
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