47. Escapemos juntos.
Hubo una época en la que creí que mi vida era un desastre sin remedio. Vivía mi vida temerosa de todo y de todos. Incluso cuando tuve la oportunidad de entrar a la universidad presionada por el abuelo, creí que no sobreviviría ante la presión de estar rodeada de otras personas. Es decir, venía de una familia altamente involucrada con negocios sucios y mis compañeros, aunque no lo sabían con certeza, si sospechaban. Por ello, cuando Samara y Fabricio se me acercaron con una sonrisa instándome a unirme a su grupo de estudio el segundo día, sentí un halo de esperanza.A pesar de mis muchos demonios y de las cosas tan horribles que he hecho, gracias a ellos siento que todavía tengo esperanzas de vivir una vida normal. Pero para que eso ocurra debo ser consecuente con mis actos.Y ser consecuente, en este preciso instante, significaba lograr que el hombre que tenía enfrente saliera vivo de aquí.—Tienes que irte, Jalid. No hay otra opción —le solté, asegurando el cerrojo de la habitación— F
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