Lucien se acercó por detrás, corrió su cabello dejando su cuello libre, y con sus dedos, suavemente comenzó a acariciarla.—¡Basta Margaret! No hay una sola razón por la cual debamos enfrentarnos, somos una pareja ahora, no vamos a ser amigos, no quiero que estes con otro hombre y claro, yo tampoco quiero estar con otra mujer, eso tenlo por seguro.—¡Lárgate, Lucien! —dijo Margaret, con la voz quebrada, saliendo del baño sin mirarlo siquiera. Escapándose de su agarre.No esperó respuesta. Cruzó la sala con pasos rápidos, descalzos, directos hacia la escalera que conducía al segundo piso. Cada peldaño era una huida, una forma desesperada de recuperar el control que sentía escapársele entre los dedos desde que él había cruzado esa puerta.—No Margaret, escúchame—respondió Lucien, siguiéndola—. No voy a irme así.Ella ya había puesto un pie en el primer escalón cuando él la alcanzó. Con su mano buena, firme, la tomó del brazo y la giró hacia él con un movimiento brusco. Margaret chocó
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