Días después…
Adrien observaba desde la acera de enfrente de la compañía de Margaret, oculto entre la sombra de un árbol y el humo de su propio cigarrillo. No necesitaba acercarse más. Desde allí podía observar todo con una claridad que le revolvía el estómago.
Lucien apareció primero, apoyado con despreocupación contra su auto, mirando el edificio como todas las tardes. Cuando Margaret cruzó la puerta de la oficina, Adrien sintió cómo la mandíbula se le tensaba. Ella caminaba con el abrigo cer