Olivia no entendía la magnitud de la situación. Habían regresado a la casa, pero Rafael permanecía demasiado callado y pensativo. La idea de que el incendio fuera provocado era una aberración, pero si alguien intentaba dañar a la familia, no solo Rafael estaba en el blanco: todos corrían peligro.No tenía lógica que alguien quisiera matar a Olivia, aunque fuera su esposa. Por más que intentaba buscar una pista real, el "quién" y el "por qué" eran preguntas recurrentes que no le daban un segundo de paz.— Olivia, no quiero que estés sola en ningún momento. Estarás conmigo o con la abuela, pero nunca sola —dijo Rafael, mirándola fijamente al entrar a la casa.— No te preocupes, Rafael —contestó ella, notando la inquietud real en su rostro.— Perdona, no quería asustarte, pero no puedo dejar pasar esto. Alguien quiere hacerme daño y esa misma persona parece ser la responsable del incendio. Sin embargo, es solo precaución; a veces la imaginación nos hace ver cosas donde no las hay.— Aun
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