Regresó a la casa con pasos pesados, sin ánimo y con la boca seca. La ansiedad la asediaba, tenía que matar a Rafael para que su padre viviera. Se detuvo en seco con la mirada perdida y llena de lágrimas, sintió un nudo en el pecho que no pasaba. Tapó su rostro con ambas manos soportando un grito de desesperación.
—¿Olivia? —escuchó cerca de ella. Al alzar la vista se encontró con Rogelio mirándola con preocupación.
—No te escuché llegar —dijo sin mirarlo directamente, esquivaba su mirada.
—Est