AnastaciaMedia hora sonó mi celular; era el padre de mi sobrina. —Tenía cientos de llamadas de Demetrio, a quien no le contesté—. Al asomarme del escondite, lo vi detenido y Demetrio salió de su auto. Llegó muy rápido a buscarme. Contesté. —Sebastián.—Sal, ya estoy aquí.Cerré mis ojos, respiré profundo; ese Demonio tendrá que aprender a respetar. Era un idiota. Salí del escondite, se veía preocupado, pero debía de ser por tener que rendirles cuentas a sus superiores.—¿Te escondiste mientras gritaba y te buscaba?—Gracias, Sebastián, por venir a buscarme. —Lo ignoré, subí al carro del recién llegado. Él se había bajado para saludarlo.—Espera, Demetrio. —Lo detuvo, ya que intentó seguirme al verme.—¡Ella es una infantil!—¿Y qué le dijiste para que actuara así? —Los dos caballeros se miraron.—No dije nada, y sabes que peco por decir la verdad.—¿Qué mierda le dijiste?Se quedó callado; los ojos se me humedecieron. No volvieron a hablar o no escuché. Sebas ingresó al carro, en si
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