Victoria
Terminé de cambiar a mi hijo. Hoy llegaban los abuelos, aunque por fuerza mayor y un tema muy doloroso. Enrique salió del baño con la toalla alrededor de su cintura y lo hace para provocarme. Pero mi deseo se fue al piso al ver los tremendos moretones en su cuerpo.
—¡Enrique!
—Solo son hematomas. —Cargué al niño.
—Déjame, le llevo al niño a la abuela y voy por la crema para esos golpes.
Me tomó de la cintura. Estos días habían sido una locura; sin embargo, se había mantenido firme ante