Suspiró. Ya daba igual. Cristina cerró el archivo y apagó la computadora con decisión, quedándose pasmada frente al escritorio.
Levantó la mirada hacia la cama donde Paolo dormía profundamente. Sus pies se movieron solos hacia él. Se paró a su lado, inclinándose para observar desde arriba sus facciones marcadas y atractivas, perdiéndose en sus pensamientos.
Como si sintiera la presencia de alguien, Paolo murmuró algo entre sueños.
—Muchachita...
Cristina sonrió de lado.
“¿Ni dormido puedes dejar de molestar?”
Al recordar que él tenía relaciones con quién sabe cuántas mujeres, Cristina reaccionó molesta. No pudo evitar extender los dedos y pellizcarle la cara.
—Ya estás viejo y sigues de ojo alegre, deberían cambiarte el nombre a "Paolo el Infiel"...
Aun profundamente dormido, Paolo arrugó la frente al sentir el dolor en la mejilla. Extendió la mano, atrapó la pequeña mano de Cristina y murmuró con voz pastosa:
—Tengo sueño, no des lata, ¡pórtate bien! Mañana te satisfago...
Cristina q