Suspiró. Ya daba igual. Cristina cerró el archivo y apagó la computadora con decisión, quedándose pasmada frente al escritorio.
Levantó la mirada hacia la cama donde Paolo dormía profundamente. Sus pies se movieron solos hacia él. Se paró a su lado, inclinándose para observar desde arriba sus facciones marcadas y atractivas, perdiéndose en sus pensamientos.
Como si sintiera la presencia de alguien, Paolo murmuró algo entre sueños.
—Muchachita...
Cristina sonrió de lado.
“¿Ni dormido puedes deja