Paolo terminó de ducharse y cerró la llave.
Se envolvió la toalla blanca alrededor de su cuerpo y suspiró.
Por fin había logrado aplacar el fuego en su cuerpo. ¡Maldita sea! En pleno invierno, tuvo que darse una ducha de agua helada por media hora.
Resopló con fastidio. ¡Esa muchachita caprichosa vino a cobrarle deudas!
Con la toalla en la cintura y el pecho descubierto, salió del baño.
Sus ojos de halcón atraparon a Cristina, que estaba pasmada frente a la computadora.
Paolo la miró con curios