Paolo comía con gran apetito el guisado que tenía en el plato. Cristina lo observaba ansiosa, deseando con todas sus fuerzas que comiera lo suficiente para que su plan pudiera llevarse a cabo sin contratiempos.
—Come un poco más... pero despacio, no te vayas a ahogar, en la cocina hay mucho más...
Paolo no sospechaba nada; solo pensaba en lo extrañamente atenta que ella estaba el día de hoy. Bajó la mirada para concentrarse en terminar su comida.
Sin embargo, sus ojos de águila, siempre agudos,