Almacén Abandonado – Afueras de Houston –El almacén era un cementerio de hierro oxidado. El sol entraba a cuchilladas por los agujeros del tejado, iluminando columnas de polvo que flotaban como fantasmas. El olor a sangre, aceite viejo y pólvora quemada lo impregnaba todo.Adrián Rojas avanzaba agachado entre las cajas apiladas, el rifle pegado al hombro, el sudor resbalando por su sien. Detrás de él, doce hombres de Armando López —mercenarios curtidos, chalecos negros, visores térmicos— se movían como una sola sombra. Mateo De la Vega cubría el flanco derecho, el corazón latiéndole tan fuerte que creía que lo oirían. Flor, contra toda lógica, había insistido en venir; iba dos pasos atrás de Mateo, pistola en mano, los ojos llenos de un terror que no podía disimular.En el centro del almacén, bajo un foco improvisado que colgaba del techo, León Salazar estaba atado a una silla metálica. Su camisa blanca era ahora un trapo rojo. Tenía cortes profundos en brazos, torso y muslos; la san
Ler mais