Disfraces. 2
Entre los árboles, a la sombra de los troncos, una llama anaranjada flotaba suavemente, no parecía un fuego común; era una luz quieta, compacta, y a la vez danzante, como si respirara. Aileen se quedó mirándola, sintiendo cómo su pulso se aceleraba, por un momento pensó que podría tratarse de un reflejo, o de una linterna, pero algo en su interior le decía que no.El semáforo cambió a verde con un pitido seco. El cuervo graznó fuerte, rompiendo el silencio, Aileen dio un respingo, apretó el volante y volvió la vista al frente.— No fue nada. — murmuró, como si tratara de convencerse a sí misma.Pisó el acelerador y siguió su camino hacia el instituto, con la mirada fija en la carretera y el corazón latiendo con fuerza, sin embargo, en el retrovisor, justo antes de girar la esquina, la llama pareció moverse, como si la despidiera.El estacionamiento del instituto estaba lleno de risas, colores y música, desde la camioneta, Aileen vio desfilar toda una galería de personajes: esqueletos,
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