El amanecer en Zúrich tenía ese tipo de luz gris que convertía la ciudad en una acuarela difuminada. Tamara Sandoval despertó con la certeza inmediata de que no estaba sola, y el recuerdo de la noche anterior cayó sobre ella como un balde de agua helada.Damian Blackwood dormía en el sofá de la suite, su cuerpo demasiado largo para el mueble, una pierna colgando del borde y el brazo derecho cubriendo sus ojos como si quisiera protegerse de algo. Todavía llevaba la camisa blanca arrugada y los pantalones del traje de la noche anterior. Los zapatos descansaban ordenados junto al sofá, un detalle tan característico de él que Tamara sintió una punzada extraña en el pecho.¿Qué demonios estoy haciendo?Se levantó con cuidado, envuelta en la bata de seda que había encontrado en el armario del hotel, y caminó hacia la ventana. La ciudad desperta
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