Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl jet privado modificado cortaba el cielo siberiano como una cuchilla de plata contra terciopelo negro. Alexei Konstantin observaba el paisaje lunar que se desplegaba treinta mil pies más abajo: tundra congelada, bosques de abetos que parecían ejércitos petrificados, montañas que se alzaban como colmillos de algún leviatán enterrado. El silencio dentro de la cabina era absoluto, roto únicamente por el zumbido constante de los motores y el ocas







