Mundo ficciónIniciar sesiónEl búnker subterráneo olía a metal frío y a decisiones que no tenían retorno. Alexei Konstantin observaba la pantalla del terminal de comunicaciones con la misma expresión que un hombre contemplando su propia lápida. Los números rojos del cronómetro en la esquina superior derecha marcaban cuarenta y dos segundos antes de que el sistema de seguridad detectara la intrusión y sellara la sala con él dentro.
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