La cripta familiar no había sido abierta en cincuenta años. Svetlana Konstantin, nieta de Tamara y actual Guardiana de los Archivos Sellados, descendía por la escalera de metal reforzado con pasos que resonaban contra las paredes de concreto como el tic-tac de un reloj ancestral. La temperatura bajaba con cada escalón, no solo por los sistemas de refrigeración que mantenían estable el ambiente, sino por algo más intangible, algo que hacía que el vello de sus brazos se erizara bajo el uniforme térmico.Cincuenta años, pensó mientras sus dedos rozaban la barandilla helada. Cincuenta años desde que la abuela selló esta cápsula con instrucciones específicas: "Abrir solo cuando la familia esté al borde de destruirse por dentro más que por fuera".Ese momento había llegado.Detrás de ella, Alexei Konstantin descendía con la rigide
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