La sala de conferencias del Hotel Grand Plaza nunca había albergado tantas cámaras. Parecían depredadores agazapados, lentes como ojos que esperaban el momento de devorar cada gesto, cada palabra, cada parpadeo que pudiera convertirse en titular. Tamara Sandoval contó mentalmente hasta diez mientras esperaba tras bambalinas, consciente de que su vida estaba a punto de dividirse en un antes y un después.—¿Estás lista? —preguntó Damian a su lado, su voz baja y firme como siempre, pero con algo nuevo en ella. Algo que sonaba peligrosamente parecido a la preocupación genuina.Tamara lo miró. Llevaba un traje oscuro impecable, el cabello perfectamente peinado hacia atrás, la mandíbula tensa. Parecía un general a punto de entrar en batalla. Y supongo que eso es exactamente lo que somos, pensó ella. Soldados en una guerra que no pedimos pero que terminaremos.
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