CAPÍTULO 89— El fin del SecretoEn el centro del patio principal, rodeada por los restos de la pasarela de seguridad y los cadáveres de los mercenarios humanos, Kerana permanecía de pie. No estaba transformada, pero su presencia era más imponente que la de cualquier bestia. Su piel, manchada de hollín y sangre ajena, emitía un fulgor blanco plateado que cortaba la penumbra. A su alrededor, más de doscientos lobos de la Guardia Negra, ahora libres del yugo químico, montaban guardia. Formaban un círculo concéntrico de pelaje y colmillos, con las cabezas bajas en señal de respeto hacia la mujer que les había devuelto el alma.Kael, el lobo gris que había liderado la rebelión, se mantenía a su derecha, observando con ojos amarillos la entrada del complejo. Un aullido familiar resonó en la distancia, y pronto, una patrulla de los Rukawe irrumpió en el claro.Iker y Arasy lideraban al grupo. El Alfa de Rukawe se detuvo en seco al ver la escena. Su mirada recorrió el ejército de lobos descon
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