El sonido de nuestras carnes golpeando era tan obsceno, intenso y excitante. No sabía cuánto tiempo llevábamos así, había perdido la noción del tiempo y a este ritmo, la cabeza también. Estabas apoyada sobre mis rodillas y manos, con su puño cerrado alrededor de mi cabello, impidiendo que me desplomara en el suelo mientras me penetrara desde atrás. Toda la ropa terminó en el suelo y a este paso, algo me decía que yo terminaría ahí también, agitada. —¿Me estoy excediendo? —susurró contra mi oreja, su voz entrecortada. Agrandé los ojos, impactada. Podía sentir la urgencia en cada una de sus embestidas, la necesidad al golpear mis caderas, sus gruñidos de placer y aún así… se preocupaba por mí. Mi corazón dio un vuelco. Uno diferente, provocado por sus palabras. —Sí… estoy bien. Continúa —respondí, agotada. Mi zona íntima ardía, mis pechos dolían por el balanceo constante, la posición era difícil de mantener y el desastre que estaba causando en mi interior provocaba que m
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