Las caderas me dolían, mi parte íntima me ardía, los huesos me crujían, y aún así… jamás había estado mejor en toda mi vida. Mis dedos recorrieron mi piel hinchada por sus besos. Gracias a que mi piel era demasiado blanca, se podía distinguir fácilmente el tono rojizo de sus chupetones.Esperé unos segundos, enrollada en las sábanas, pero no hacía acto de presencia. —¿Vinicius? —Llamé, con la voz algo ronca por la aventura de anoche, por darle tanto uso pecaminoso.Mi corazón comenzó a latir a un ritmo más rápido, con una presión que me oprimía desde la espalda hasta el pecho, como si algo estuviera mal. Habíamos pasado una noche grandiosa, habíamos dormido juntos, abrazados. Y ahora despierto y simplemente… no está.¿Qué fue esto? ¿No le gustó? ¿Tan mal estuve? ¿Fue solo una aventura de una noche?Qué un hombre se vaya a la mañana siguiente, sin despedirse… no debía ser nada bueno. Debía admitir que tal vez no fui la mejor mujer con la que ha estado, pero di mi mayor esfuerzo par
Leer más