Debería estar muy lejos, fuera de esta ciudad, para asegurarme de no toparme con Federico, mi esposo, pero con este pequeño… Contratiempo, era imposible. Con suerte, Federico no se le ocurrirá buscarme en este lugar, ¿verdad? La cadera me dolía, pero un poco menos, gracias a la bolsa de hielo que entumecía el área y a la ampolla antinflamatoria que reducía la hinchazón. Gracias al cielo, el doctor espantó todos mis temores, confirmando que no tenía ningún hueso roto, solo una contusión severa e hinchazón. Me mandaron antinflamatorio y reposo, nada más. Nos atendieron rápido cuando llegamos a emergencias y hasta nos designaron una habitación privada. No pude evitar bostezar, resistiendo a estirarme sobre la camilla, mientras mi cuerpo se afincaba en el lado bueno. Siempre fui una mujer que dormía temprano, jamás me desvelaba a menos que me tocará complacer a Federico, por lo cual, esta caminata nocturna me dejó agotada. La puerta se abrió y el hombre de antes, entró. Ya no llevab
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