No tuve más opción que marcharme con mi maleta, las lágrimas empañando mi vista. Los pies me pesaban al salir del hotel, sintiendo como si todos me miran. Cómo si todos supieran lo que ocurrió en esa habitación de hotel.Mantuve la cabeza gacha, tratando de asimilar el dolor emocional. Ni los moretones ni los balones de cabello con la esposa de Vinicius fueron tan dolorosos como el dolor emocional. Después de abrirme con él, de quebrarme ante él, me lastimó. Siempre estuve rodeada de hombres retrógradas, que me hacían sentir inferior. En la casa, en la escuela y en el matrimonio. Y sólo bastó conocer a uno bueno para cambiar mi perspectiva, para pensar que no todos eran tan monstruosos como la vida me los mostró. Y resultó que ese hombre… era igual de cruel. No, era el peor. Porque destruyó algo que ningún otro hombre había logrado construir en mi corazón. Y para mi desgracia, seguía pensando en él, en escuchar su voz y pedirle una explicación. Si me decía que era mentira, sería c
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