Risas chillonas, pequeños y persistentes pasos, llanto agudo que reconocía a la perfección. Era de mi pequeño llorón de tres años, Killian. Los sonidos eran una mezcla que sonaba imperfecta juntas, pero a mí me gustaba. Hasta me sentía extraña cuando estaba en silencio. Abrí los ojos con pesadez, despertándome ante el desorden. Era sorprendente, después de tantos años de soledad, de silencio, ahora no podía concebir una vida de esa manera. Necesitaba este dinamismo, este desorden. Me senté con dificultad, hasta donde mi redondeado y gordo vientre me lo permitía. Acaricié tiernamente a Ashley, la cual me pateó suavemente, indicándome que también se había despertado. Al final, Alexander ganó. Habíamos planeado tres, pero con los descuidados que fuimos en algunas ocasiones… terminamos creando un cuarto bebé. Me levanté de la cama, lo cual era una proeza. Con casi ocho meses de embarazo, cada movimiento era lento y calculado. Al mirar mi celular, tenía un chat abierto con mi ma
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