••Narra Kiara••
El gel frío sobre mi vientre me hizo estremecer. Alexander, sentado a mi lado, apretó mi mano con la suya, su pulgar trazando círculos tranquilizadores en mi piel. A cinco meses, la emoción de ver a nuestro bebé en la pantalla nublaba cualquier otra sensación. Habíamos decidido que el sexo sería una sorpresa, un último secreto que nuestro pequeño guardaría para el día del nacimiento.
La doctora Lexie deslizaba el transductor con suavidad, su rostro concentrado en la imagen en