Maya parpadeó unas cuantas veces antes de lograr mantener los ojos abiertos. Durante un segundo se sintió confundida al no reconocer de inmediato la habitación en la que estaba, pero los recuerdos no tardaron en acudir a su mente y sintió cómo el calor le subía al rostro. Se dio la vuelta para buscar a Thiago, pero descubrió que estaba sola. La decepción la embargó, pero la alejó de golpe. No podía permitirse empezar a apegarse a él. Frunció el ceño al darse cuenta de que algunos rayos de luz se colaban entre las cortinas, iluminando parcialmente la habitación.—Zak... —musitó, incorporándose de golpe.Bajó los pies de la cama, sintiendo el dolor repartido por buena parte de su cuerpo, un recuerdo más de lo bien que lo había usado. No una, sino dos veces. La había despertado en algún momento de la madrugada con besos y caricias a los que no había podido, ni querido, resistirse. Después de alcanzar el orgasmo por segunda vez, el sueño había vuelto a vencerla. El recuerdo se sentía c
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