—¿Maya? —insistió Thiago, poniéndose tenso ante el silencio—. ¿Estás allí? ¿Sucedió algo?—¿Podrías venir por nosotros al centro comercial? Yo... Acabo de ver a Byron...Thiago reconoció el nombre de inmediato.—Voy para allá. —Sin perder un segundo, se puso de pie y salió de su despacho—. Llegaré tan pronto como pueda. ¿Él te dijo algo?—No. Ni siquiera sé si nos vio antes de entrar a la sala de juegos.—¿En qué parte del centro comercial están?—En la sala de juegos. —Maya le dio las indicaciones para llegar—. Lamento molestarte, pero no sabía a quién más llamar.—Descuida. Quédate justo donde estás y, si lo ves otra vez, intenta alejarte de él. Nos vemos en un rato.—Está bien. Gracias.Thiago dio por terminada la llamada y contactó a su conductor para que lo esperara en la puerta principal, dentro del auto.Sintió que el corto trayecto en el ascensor duraba una eternidad. Después de todo lo que Maya le había contado sabía que no era un buen hombre. Sin poder evitarlo, empezó a im
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