Thiago se inclinó despacio y apoyó su frente contra la de Maya, sosteniéndole la mirada. Había tantas emociones en sus ojos, pero, al menos, la preocupación había desaparecido.Maya había estado sola durante demasiado tiempo y le dolía todo lo que había vivido. Sentía una necesidad casi instintiva de protegerla de todo lo que pudiera hacerle daño. Quería convertirse en su escudo, impedir que algo malo le ocurriera a ella o a Zak. Era una sensación completamente nueva para él.—Si vuelves a necesitarme, no dudes en llamarme otra vez. Estaré allí, pase lo que pase —prometió antes de inclinarse un poco más y rozar sus labios en un beso fugaz que le habría gustado prolongar—. ¿Qué te parece si pido algo para cenar y vemos una película? —preguntó, cambiando de tema.Maya asintió. Su capacidad para pensar parecía haber salido por la ventana y no lograba ponerse al día con lo que estaba sucediendo.—Genial. —Thiago sonrió y dio un paso hacia atrás—. ¿Por qué no te pones algo más cómodo? Te
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