POV LUCA GIORDANOEl trayecto desde la villa Moretti hasta mi refugio en la costa fue el silencio más dulce que he saboreado en años. A mi lado, en el asiento trasero del Mercedes blindado, Vittoria era una estatua de seda y miedo. Podía oler su perfume —ese aroma a gardenias y algo metálico, como las lágrimas— llenando el espacio confinado del coche.La miré de reojo. Sus manos estaban entrelazadas con tanta fuerza que sus nudillos estaban blancos. Quise tomarlas, quise decirle que ya estaba a salvo, pero sabía que para ella, yo solo era el menor de dos males. Por ahora.Cuando los portones de hierro de mi villa se cerraron detrás de nosotros, sentí una vibración de triunfo recorrer mi columna, allí donde los nervios aún daban señales de vida.—Hemos llegado, bellisima —susurré.Dante y dos de mis hombres abrieron las puertas. Odié, como cada maldita noche, el proceso de ser bajado del coche. Odié la forma en que mis hombres tenían que sujetar mis piernas muertas para colocarme en la
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