POV VITTORIA ROMANOVAEsa mañana, mientras desayunaba con mi madre, la atmósfera se sintió cargada, espesa. Ella evitaba mirarme, sus manos jugueteaban nerviosas con la servilleta y ni siquiera había probado bocado alguno; algo inaudito en ella. La observé en silencio durante unos minutos, esperando que dijera algo por sí sola, pero no lo hizo. Su quietud era tensa, forzada, como si estuviera conteniendo una verdad que le quemaba por dentro. —Prometimos que no habría secretos entre nosotras —dije de repente, dejando los cubiertos de lado y atrayendo su atención—. Y es evidente que está pasando algo. Mamá, ¿qué sucede? Me observó fijamente por varios segundos. En sus ojos vi una mezcla de angustia y una compasión que no supe descifrar de inmediato. Finalmente, asintió con pesadez. —Tu padre estaba en una llamada con Luca —comenzó, y mi estómago dio un vuelco—. Luca le estaba informando de algo que acaba de suceder. Fruncí el ceño, tratando de mantener la compostura mientras le ins
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