El humo de los cigarros cubanos flotaba como un fantasma sobre la mesa de billar en el sótano de la villa, un espacio que funcionaba como el verdadero corazón del poder de los Moretti. Arriba, en la casa, Vittoria lloraba en su habitación; aquí abajo, su destino se pesaba en balanza junto con los cargamentos de heroína y los derechos portuarios.Donato, el más corpulento de los capos, lanzó una bola roja con una fuerza innecesaria. El estruendo del impacto resonó contra las paredes de piedra.—Tu hija es una pérdida de tiempo, Moretti —escupió Donato, dejando el taco de madera a un lado—. Ha pasado una noche entera y no tenemos ni una sola coordenada de los almacenes de Artem en el Báltico. Los rusos están reforzando la frontera mientras nosotros jugamos a las "reuniones familiares".El padre de Vittoria, sentado en un sillón de cuero con una copa de coñac en la mano, no se inmutó. Sus ojos, fríos y calculadores, seguían el rastro del humo en el aire.—Vittoria está bajo una presión q
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