POV DARKO ROMANOV—¡ALEKSEY! —mi propio grito se ahogó cuando una ráfaga de vapor aceitoso y petróleo hirviente nos barrió. Corrí hacia él, tropezando con el metal quebrado, ignorando el dolor en mis propios oídos. Cuando llegué a su lado, el aire me faltó, y no fue por el gas. Aleksey yacía de espaldas, con el cuerpo extrañamente torcido. El petróleo negro caía sobre él como una lluvia ácida, pero era lo que había debajo lo que me hizo caer de rodillas. El lado derecho de su cuello y pecho presentaban quemaduras atroces por el vapor caliente, la piel ya empezaba a desprenderse en jirones. Pero lo peor era la herida en su cabeza; la sangre se mezclaba con el crudo, formando un charco espeso que se extendía rápidamente por la rejilla. —Hijo... no, no, no... —susurré. Mis manos temblaban tanto que, por un segundo, el terror me paralizó; temía que, si lo tocaba, terminaría de romperlo. Aun así, lo agarré entre mis brazos, pegándolo a mi pecho con una fuerza desesperada, mientras sent
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