POV VITTORIA ROMANOVA
Esa mañana, mientras desayunaba con mi madre, la atmósfera se sintió cargada, espesa. Ella evitaba mirarme, sus manos jugueteaban nerviosas con la servilleta y ni siquiera había probado bocado alguno; algo inaudito en ella.
La observé en silencio durante unos minutos, esperando que dijera algo por sí sola, pero no lo hizo. Su quietud era tensa, forzada, como si estuviera conteniendo una verdad que le quemaba por dentro.
—Prometimos que no habría secretos entre nosotras —