La habitación estaba en silencio.No era un silencio común. Era un silencio pesado. Decidido.Bruno estaba de rodillas, sujeto, pero aún respirando con arrogancia. Todavía creía que algo lo salvaría. Un contacto. Un acuerdo. Un milagro.Se equivocaba.La puerta se abrió.Leandro entró primero. Detrás de él, Joaquín, Cristian y Arthur. Y al final… Lissandro.No había furia en su rostro y eso era lo inquietante.Caminó despacio, sin prisa, cada paso resonaba como un reloj marcando el final.Se detuvo frente a Bruno.—¿Sabes por qué sigues vivo? —preguntó con voz baja.Bruno no respondió.—Porque quería que entendieras.Se inclinó apenas.—Que tu final es inevitable, tocaste lo único que no se toca. Quisiste vengar a tu padre, sin medir consecuencias, pero no entendiste que nosotros jamás damos el primer golpe, la muerte de tu padre fue justa, cometió el mismo error que tú, tocar a nuestras mujeres. Ahora... sabrás que morirás pero no sabrás el día, cada día para ti será una tortura dif
Ler mais