Las fotos llegaron a las redacciones del sector a las once y veinte de un jueves.Las tomó un fotógrafo local que cubría el turno de mañana en el aeropuerto de Lisboa y que había recibido el aviso por el canal policial que monitorizaba desde hace años con la paciencia de quien sabe que la noticia no avisa antes de llegar. Tres imágenes. Ángulo desde la zona de llegadas, con el encuadre específico de quien trabaja con una lente larga y que sabe que la distancia es parte del trabajo.Julieta Franzani, esposada.Con el traje oscuro que llevaba cuando salió de España y que en las semanas de Alfama había adquirido las arrugas específicas de la ropa que duerme doblada en una maleta demasiado pequeña para contenerla bien. Con el pelo recogido con la precisión de quien, incluso en ese momento, entiende que la imagen que da al mundo es parte de algo que no puede abandonar completamente.Las tres fotos en los medios del sector antes del mediodía.El nombre de Julieta Franzani, que el sector de
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