El edificio Franzani a las ocho de la mañana del día siguiente.Siete furgonetas de medios de comunicación aparcadas en la acera frente a la entrada principal. Tres periodistas con cámara montados en el lateral del edificio con ángulo hacia la puerta. Dos fotógrafos en la esquina con la tablet en la mano monitorizando las redes en tiempo real.El guardia de seguridad del turno de mañana había triplicado el control de acceso.Isidora entró por la puerta lateral que usaban los empleados desde el aparcamiento. La que los medios todavía no habían localizado o que, si la habían localizado, habían decidido que no era tan fotogénica como la principal.En recepción, Paula, la asistente de Matteo, esperaba con el paso habitual de quien ya ha gestionado las primeras dos horas del día antes de que llegue la mayoría del edificio.—El señor Franzani la espera en el séptimo piso cuando pueda subir.—En diez minutos.Isidora subió al cuarto. Dejó el portafolio. Bebió el café que Elena ya había prepa
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