Guillermo
No recordaba el sonido exacto de la risa de Juana, pero sí recordaba su silencio. Ese silencio suyo, serio, obstinado, que no era timidez sino autocontrol. Cuando la tuve entre los brazos en el centro comercial, sentí que me devolvían una parte del cuerpo que me habían amputado y que yo había aprendido a ignorar para seguir caminando.
Me separé apenas para mirarla mejor. Tenía trece años ya, pero la forma en que sostenía la mirada no era de una niña. Había algo endurecido ahí, algo qu