—No está bien, esto no está bien —expresaba ella de manera frenética y errática, una y otra vez.—Es extraño —se repetía él, mientras tocaba sus labios. Al separarse de ella, esa sensación, esas emociones, no tenían explicación.—Yo no me siento bien, creo que mejor me voy.Quería correr, escapar; ese beso, esa emoción que sentía, era tan apabullante, la sobrepasaba, ella se iba, tocando algunas columnas; era como si el aire le faltara, mientras que Sebas se quedaba en su lugar, como tratando de asimilar que no fue un simple beso, no fue solo un roce de sus labios con los de ella, era la unión de sus bocas, de sus latidos. De dos corazones que se reconocían, pero de pensamientos que no se enteraban.—¿Por qué esa cara? Se fue corriendo la mujer bonita.—Creo que tengo miedo —dijo para luego buscar dónde sentarse; sentía que era demasiado, que eran tantas emociones, que le era difícil mantener el equilibrio.—A ver, rubio, ¿eres un estafador, un ladrón, o algo parecido? Te lo dije, el
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