—No vuelvas a hacer eso —expresó él, alejándose rápidamente, como si ese beso lo quemara por completo, lo llevara al infierno, la culpa, la angustia, sentimientos tan negativos, que lo habían estado consumiendo. Sin embargo, con el roce de sus labios, es como si él mismo hubiera prendido fuego a leña.
—No lo hagas tú, me besaste y encima me dices que no lo vuelva a hacer. No debí venir, soy una tonta, tonta Eva, tonta Eva.
—No lo digas, no uses sus frases, ¿por qué las usas?
—Estás loco, esto e