—No vuelvas a hacer eso —expresó él, alejándose rápidamente, como si ese beso lo quemara por completo, lo llevara al infierno, la culpa, la angustia, sentimientos tan negativos, que lo habían estado consumiendo. Sin embargo, con el roce de sus labios, es como si él mismo hubiera prendido fuego a leña.
—No lo hagas tú, me besaste y encima me dices que no lo vuelva a hacer. No debí venir, soy una tonta, tonta Eva, tonta Eva.
—No lo digas, no uses sus frases, ¿por qué las usas?
—Estás loco, esto está mal, muy mal; espero que la pequeña se recupere, ojalá no vuelva a saber nunca más de ti.
Ella también experimentaba la culpa y la angustia que la estaban absorbiendo; se supone que ella no era ese tipo de persona; sin embargo, algo la atraía hacia él, la acercaba a su luz; era como si su cuerpo actuara de manera irracional.
—¡No azotes la puerta! —gritó él, mientras ella se marchaba. No podía apartar sus ojos de la puerta; ella se había marchado, Sentía una especie de impulso que lo llevaba